Hay obras que se miran. Y hay obras que te miran a ti, te sostienen la mirada y te susurran: “oye, tal vez todo este tiempo entendiste mal”. La serie Reimaginando a Cihuacóatl (2022-2024) de la artista Magaly Vega pertenece, sin duda, al segundo grupo.

En un gesto que es a la vez artístico y profundamente sanador, Vega toma las figuras femeninas del panteón mexica —aquellas que la conquista convirtió en demonios, brujas o espectros lastimeros— y les devuelve la voz. Pero no lo hace desde el resentimiento, sino desde una reivindicación poética que abraza la complejidad del trauma histórico sin quedarse atrapada en él.

La Llorona ya no llora

La pieza central de la serie, Cihuacóatl/La Llorona, lanza la primera estocada: “Nunca fue un llanto / abrazando las almas rotas de tu violación / espíritus guerreros en entrenamiento / desde los cielos”. Magaly desmonta el mito de la mujer que llore por hombres que la abandonaron para revelar a una madre diosa que recoge los pedazos de sus hijas destrozadas por la guerra. Pintada sobre película de poliéster de archivo —ese material frágil donde guardamos la memoria— la obra adquiere una dimensión casi ritual.

La Virgen que era Estrella

En la serie de Citlalicue/Virgen María-Guadalupe, la fusión sincrética alcanza su punto más revelador. La diosa de las estrellas se funde con la Virgen morena, pero no para diluir su poder, sino para recordarnos: “en el laberinto de la oscuridad / abraza la luna protectora / recuerda tu luz interior”. Es un llamado a dejar de buscar afuera la salvación: todo lo sagrado ya habita en nosotras.

El Monstruo que era Madre

Quizás la reivindicación más poderosa llegue con Tlaltecuhtli/La bruja demonio. La Tierra, esa que nos enseñaron a temer como devoradora insaciable, habla en primera persona: “Soy la tierra y el cielo / sacrificando mi libertad / rescato las almas que condenas”. La que era monstruo resulta ser la que nos salva. La que los hombres incendian, ella la ilumina con flores.

La Mariposa y el viaje final

Cierran la serie Itzpapálotl (la Mariposa de Obsidiana) y Psique. La primera como “fuego guardián de las niñas que nunca puedes desechar”; la segunda como el viaje infinito de búsqueda y reencuentro: “hasta que esparza su belleza en el cosmos”.

Conclusión

Magaly Vega no es una artista que simplemente pinta imágenes bonitas. Su pincel es una herramienta de arqueología emocional que desentierra lo que la conquista quiso enterrar: la sabiduría de lo femenino como fuerza creadora y protectora. En un mundo que aún le teme a lo que no comprende, Vega ofrece flores, no manuales de destrucción.

Si tienes oportunidad de sumergirte en Reimaginando a Cihuacóatl, hazlo. Y si no, al menos quédate con esto: las diosas están hablando. Magaly Vega les prestó su voz. Ahora la pregunta es: ¿nosotros estamos dispuestos a escucharlas?

Te invito a ver la entrevista completa a esta formidable artista, la Maestra Magaly Vega, por nuestro canal de YouTube: