lun. Nov 18th, 2019

RADIO ALTERNO

TU RADIO POR INTERNET

HOY EN EL DISCURSO: ACERCA DE LO EFÍMERO

4 min read

Por Brandon Arturo Lemus Ramos

Efímero es lo que se refiere a lo finito, mortal, decadente, etc.; y cuyo lapso de duración y vida es fugaz inadvertido y consecuentemente oscuro, inhóspito y misterioso.

Ya que una de las características del misterio es la ignorancia misma es decir está vacío y no se puede razonar más allá del concepto de desconocimiento, esa característica lo acerca al miedo natural ante lo incomprensible, una reacción propia del ser humano ante la incontinencia.

Esta complejidad que envuelve al vacío e incomprensión del no ser se trata de reducir con conceptos; dichas envolturas idealistas se etiquetan con el nombre de muerte, misterio, misticismo y mitología.

Gracias a estas etiquetas mentales podemos reducir el grado de desconocimiento y por ende, reducir el miedo, si no es suficiente la fuerza de estos mecanismos de defensa, entonces se radicalizan los conceptos razonados.

La religión es la radicalización de la reacción frente a lo desconocido, si de esta forma el miedo se reduce, si el miedo se convierte en terror (que es más intenso y colectivo) la religión se vuelve fanatismo. Aquí la religión no sólo es un sistema de creencias espirituales, sino un sistema de dogmas.

Los dogmas o creencias te hacen identificarte con el otro, reducen lo desconocido, reduce la distancia del desconocimiento y prepara las reglas del juego social válidas para todos, en ese entonces nos asignamos roles y a los demás igual, en ese entonces el otro ya no es un desconocido sino es un humano, pareja, estudiante, comerciante, niño etc.; entre similares se reduce el miedo.

Una vez que la religión, dogma o creencia trata de explicar el vacío, nos vuelve adeptos a esta, incluso las que promulgan la falta de dogma se vuelven un dogma, por ejemplo, un dogma cuyo principal motor de explicación sea que no existe un motor de explicación, lo cual a final de cuentas sigue siendo un motor.

El motor se define como todo común denominador que podemos encontrar en el dogma y con su existencia podremos superar el desconocido vacío, en la religión cristiana es Dios, en la ciencia la verdad, en el ateísmo la falta de dios, en la ideología la causa, y así van variando los grandes conceptos motores y son centrales de donde suyo alrededor giran los demás conceptos accesorios, satélites del sistema de creencias, como en un gran sistema solar.

Es entonces que la incapacidad del ser para confrontar lo efímero, fugaz y lo finito da como resultado todos estos anteriores constructos y conceptos; en efecto nuestro adversario por dialéctica es este gran final y emperador de toda ignorancia, este gran misterio que decidimos encerrarlo en el concepto de “muerte”.

La muerte objeto central de lo efímero puede manifestarse en muchas formas y subconceptos como lo lúgubre, pero la muerte a diferencia de muchos otros conceptos guarda su propia imposibilidad y se define como un concepto especial que se construye y encierra en su propia imposibilidad lógica; tras esto definiría a la muerte como el “no ser”.

Ahora bien, los dogmas, incluso los que promulgan la falta de estos y la misma muerte o el no ser, no son contrarios sino parte de un mismo grupo y semántica, en efecto la de los dogmas.

Lo contrario a toda racionalización que en ultimo termino es una reacción y lucha, es el cese de esta lo que llamamos “nihilismo” pero el puro ya que si se adopta formas de dogma y no es nihilismo puro ya no es nihilismo, por ejemplo el hedonismo, budismo, anarquismo y nihilismo ideológico ya no es nihilismo sino un dogma con sus propias características, tal vez su motor sea la entrega del ser a sus instintos, pero tienen un motor, en el nihilismo puro no existe ningún motor, es el simple existir por existir.

Ya no se lucha ni se trata de racionalizar nada, simplemente se existe, ni siquiera se resigna o acepta la realidad, no existe ejercicio reflexivo ni dialéctica, como se mencionó anteriormente, sólo se existe, se es un mineral o piedra espiritual, es el cese de todo, el triunfo del vacío.

Se concluye que la capacidad y fuerza de vivir y afrontar ese vacío y comprender lo efímero sin caer en el fanatismo ni perder el miedo (es decir el justo medio del propio miedo) es lo que determina la fuerza del propio ser y diferencia el fuerte del débil, fortaleza como valor, valor frente a la existencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © All rights reserved. | Newsphere by AF themes.