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DOS POEMAS DE SERGIO GARCÍA DÍAZ

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Sergio García Díaz (Ciudad de México, 1962), es un poeta y escritor que reside en Nezahualcóyotl, ha colaborado en revistas y periódicos, así como en antologías (por las que tuve el gusto de conocerle). Parte de su obra comenzó a ser publicada en antologías de cuento y poesía, tales como “La semilla del árbol“, “Tú vivirás para siempre“, “Amar el mar“. En su obra individual encontramos títulos como Border Line (Mixcoat, 2002), La pasión por las moscas (Fontamara, 2006), Dos entradas por un boleto (Jano, 2003), Sueños de un chamán (Coyoacán, 2006), entre otras obras, sin embargo hoy queremos destacar su nueva obra: Cabeza de Jabalí (Cisnegro, 2019) y la cual se presentó hace unos pocos días.

Poemario que nos transporta al recoveco mental de Sergio García Díaz, que lleva hacía aquel “horizonte” (como lo llama Andrés Cisneros de la Cruz en la cuarta de forros y que por cierto también es el prologuista de este libro) en donde las palabras toman su propio curso, para hacerte vivir una experiencia inolvidable.

Sin más, acá te dejamos dos poemas extraídos de Cabeza de Jabalí.

La flama

Para Carlos López

Un puñado de brasas se levanta en polvo.
El oblongo —sobre el descampado— es una flama.
¿Qué sería del andar sin la llama interna?

Cuando el viento sopla ligero, la llama avanza
como el púrpura en el cielo de la aurora boreal.
La luz se extiende, por todo el camino,
como si fuese el sendero pabilo en la vela.

¿Es el hombre herido la llama incandescente
que se renueva en otros al consumirse en sí?

La flama en movimiento va hacia la inmortalidad,
despejando el contorno: la oscuridad profunda
renace en los extremos —entre el ojo y la luz—.

Extendido el cuerpo, se expande —en mar y cielo— encuentro de perfumes: el florecer de un limón.
Si es el cielo gota azul; si es el mar una flama
y si tu pupila es la que lanza su vista, es todavía
la flama que como un barco ilumina el mar.

La flama brilla roja mientras el humo negro
—como apesadumbrado— vuela con alas grises, acompañado también de llamas juguetonas.

El fruto del esfuerzo de una llama es la luz
que entre castañeante ruido cae con la noche
en bellos colimbos inundados de fuego.

Son el poder ignoto que convoca a la voz
de mujeres reunidas atizando la hoguera
antes de que la luces reinen en el horizonte.

Son el tiempo con alas, canto de caracoles,
y cuando se frotan, caminan junto a los dioses.

Instante primigenio de luces renovadas.
Sobre las hojas, manchas de sangre oscura.
Es con los cánticos antiguos que renacen
los poemas: las flamas infinitas de la oscuridad.

Sospecha

La luna sale y sospecha que ya no estás.
Que ya no hay un destino.
Que no soy el niño que saldré
de tu pupila;
que no creceré de
tus ideas,
que no naceré
de tu alborada.
La luna lo sabe,
los delfines lo intuyen,
que tu sonrisa es una tumba,
porque los espejos ya no reflejan
las macetas
que hago con mis manos.
La luna cree
que aún me sueñas
en noches silenciosas.
Y la luna llora
porque quizá piensa
que ya te olvidé.
Porque quizá piensa
que ya perdí mis labios,
porque quizá llueva
otra vez en la noche.

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