Trasciende con “El Confi”, un amigo o amigo por conocer

Este 17 y 19 de agosto, Saúl Gil, “El Confi”, ha decidido ir un paso más allá de su blog personal, La Minifalda, y traer a nosotros su conferencia online “¿Qué estás haciendo? Trasciende” en busca de acercarse más a aquellos que han encontrado a través de sus cápsulas a un amigo o un consejero.

“El Confi” es un sociólogo que nos invita a mirar y escuchar aquello que está alrededor nuestro para avanzar juntos, siempre acompañado con un toque de picardía mexicana y buen humor.

En vísperas de su conferencia, decidimos hacerle una entrevista para conocer un poco más de él, su ideología y de lo que nos hablará en “¿Qué estás haciendo? Trasciende”.

En tus propias palabras, ¿quién es Saúl Gil?

Pues soy una persona que gusta de tratar de hacer cosas chidas, cosas buenas por la sociedad, por sus semejantes, sí, por el otro. Una persona que en su vida ha ido de menos a más y siempre, en ese tenor, trata de estar mejor, trata de ser mejor y siempre, pues mirando hacia los lados a ver quién va, a quién de repente se le puede ayudar, tirar un paro de una u otra manera. Ya son bastantes años trabajando con personas, con jóvenes en diferentes ámbitos, siempre tratando de hacerlo de la mejor manera posible y ayudando al que se deje, a quién se deje. Mi nombre es Saúl Alejandro Gil Torres y me dicen “El Confi”. 

¿Por qué te dicen “El Confi?

Pregunta curiosa, casi nadie me lo hace. En realidad, toda mi vida he trabajado porque a veces la cosa no está fácil en la casa, en la familia y, pues, tienes que trabajar. Bueno, resulta que yo, cuando estaba en secundaria, trabajaba en un sonido, acá en el norte les decimos sonidos, creo que en el D.F. les dicen sonideros, y resulta que era, ya sabes, conectar cosas, cargar cosas, bocinas, etcétera… racks. Y, en una ocasión, andábamos todos cargando bocinas y llegan unos hermanos, entre ellos Víctor, “El Tapón”, si mal no recuerdo, y dice a todos… todos andábamos en friega y ellos acaban de llegar y dice:

– Oigan, raza.

Y voltean todos – ¿Qué onda?.

– Este güey parece confitón…

Todos risa y risa.

¿Qué son los confitones? Eran unos dulces con cacahuate al fondo y cubiertos de chocolate y estaban como huevitos, como gorditos, y yo estaba muy gordito cuando estaba en secundaria, ahorita todavía, ¿verdad? Pero pues yo creo que un poco menos, según yo.

Entonces pues sí, parecía un confitón, estaba, como gordito, chonchito y todos “jajaja”. Y entonces ese “confitón, confitón” empezó a rolar y después, ya como que “¡qué flojera!” Todos no, pues “Confi, Confi” y así, o sea. De donde yo vengo, es así muy muy conocido como “El Confi”. Ese es el origen de por qué “El Confi”, de los confitones, los dulces aquellos, confitados.

¿Qué te llevó a empezar a hacer “La Minifalda”?

Pues a mí me tocó la era de sin celular y luego con celular, de sin redes sociales y luego con redes sociales. Empecé dando conferencias de estima, depresión, suicidio, valores, noviazgo, familia, etcétera, y lo hacía primero de manera bastante relax: un cuadernito, iba leyendo y luego, de ahí, pues ¡órale!, rollo, en diferentes instituciones educativas. Y poco a poco, después, ya trabajando en multimedia, en Power Point, cosas así. 

Me fui dando más a conocer, profesionalizando más las cosas y luego ya estaba en instituciones más serias, como normal básica, normal, de educadoras, distintas, secundarias, prepas, etcétera, y empecé a hacer las cosas más seriamente, más profundamente.

De repente se viene fuerte la ola de las redes sociales, pero ya muy fuerte, y ya me habían dicho, “oye, ¿por qué no haces tu canal de Youtube o de Facebook?”, pues lo que es una fanpage y yo, la verdad, pues como que no estaba convencido; pero después dije, ¿pero por qué no?

Siendo muy honesto, está chido a subir un meme, subir un video de risa, pero no somos memes, no somos nada más cosas que nos den risa. A veces traemos muchas broncas y nadie habla de eso, a veces ni los propios amigos. Entonces dije, “bueno, pues yo voy a hacer reflexiones, como tipo lo que hacía o hago en mis conferencias, pero de manera muy breve, muy cortita” porque, eso sí, me asesoré con alguien que le sabía a esto y me dijo “tienes que hacer los vídeos cortos, cortitos, y así van a impactar más”. Entonces empecé a hacer los videos de cinco minutitos, tres minutitos; el máximo que dura, creo que son ocho y así ya brinqué al mundo de las redes sociales: Facebook, Instagram, el Youtube y ahí va la cosa.

En menos de, ¿qué será? En menos de cuatro meses, más o menos, ya van más de 1000 seguidores, como 10000 vistas bien, o sea, van bien los números y gente que, de primero sí, a todos los conocía y ahorita ya no sé. De repente alguien de no sé dónde me agrega o le da seguir y está chido. Ya no nada más es la amigo o la amiga, la tía, el tío no, no, no, ya brincó a personas desconocidas que les gusta. Y, como siempre digo, lejos de que te guste La Minifalda o lo que hago ahí, las reflexiones esas, espero que te ayude porque en la vida hay cosas que nos gustan y no nos sirven y hay cosas que nos sirven y no nos gustan, entonces por ahí va la cosa, más o menos.

"Está chido a subir un meme, subir un video de risa, pero no somos memes, no somos nada más cosas que nos den risa"
¿Cómo empezaste a trabajar como conferencista y qué te llevó a decidir profesionalizarte más en ello?

Desde niño me gustó ser el chistorino y ya desde ahí traía como algo. La mamá de un amigo, que en paz descanse, siempre me decía “Tú vas a hablar… vas a ver, en un futuro vas a hablar delante de muchas personas”. Qué raro, ¿no? Que me diga “[…] vas a ver, tú vas a vas a hacer cosas así, grandes”, y yo empecé a hacer mis pininos.

En la primaria siempre me llevaban a la radio, a una difusora, a un programa que se llamaba XH Vic Radio Infantil, que era para niños, a leer un cuento o hacía la voz de algún monstruo.

Empecé como tal en el ámbito de lo eclesial, en un grupo juvenil, católico y me gustó y me empecé a preparar. Y luego, ya siendo una persona adulta, hice mi carrera.

Tengo una licenciatura en Sociología y ahí vas agarrando más bases. Sin embargo, y siempre he tenido el gusto por la lectura y era autodidacta. Me encantaba leer lo que me caía en las manos, lo que yo compraba, etcétera.

Decidí profesionalizarme porque dije “esto me gusta, me llena el corazón, el alma, la psique. Me deja, más que dinero, un gusto”. 

Me ha tocado muy pocas veces, contadas con los dedos de las manos de mi mano, que un joven me diga “¿Sabes que? Hoy es miércoles. Este viernes que viene, la mera verdad, yo pensaba suicidarme, pero esto que dijiste realmente me tocó, me movió y ¡no’mbre! Muchas gracias”. Esas cosas no las paga nada.

No hay dinero que pague que un joven, que una persona te diga, “gracias por esto”. Que te den un abrazo, y darles un abrazo bien bonito, bien grande, y que ellos se queden con eso en su mente y en su corazón, que les salga lo malo y que entre lo bueno, cosas mejores, positivas para su vida, porque ya de lo malo estamos bastante llenos y bastante hartos.

Más que nada, me deja trascender. Si el día de mañana ya no estoy, pues ahí estoy: en esas personas, en esos corazones, en esas mentalidades de que “¡No’mbre! Un día este compa me ayudó a salir adelante de esta situación tan oscura, tan gris, tan triste”. Eso es lo que me hace seguir adelante, dando charlas, pláticas, conferencias o como quieras llamarles.

Por ahí va la cosa de profesionalizarlo, hacerlo de manera ya mejor y decir, bueno, La Minifalda es para llegar a más personas por esta cosa de los medios, las redes sociales, los medios electrónicos, y está chidísimo que llegue más lejos, a personas que ni me conocen y ya, ciertamente, me conocen, porque hay una frase que yo digo en La Minifalda:

"Aquí está tu amigo, o amigo por conocer, Saúl Gil, "El Confi", en esto llamado La Minifalda". 

Siempre me gusta decir eso porque he conocido raza por medio de La Minifalda. Entonces eso creo que es también profesionalizarte: hacerlo de una manera ya más seria y, sobre todo, más comprometido, porque cada lunes, seis de la tarde, sale un episodio nuevo de La Minifalda, desde hace más de cuatro meses. 

En tus cápsulas hablas constantemente del apoyo a otros, de notar al otro, ¿siempre has tenido dentro de ti ese deseo de ayudar o fue tu experiencia la que te hizo entender la necesidad de ver por algo más que tu propio bienestar?
Creo que pues el hecho de que uno haya sufrido, padecido o pasado, como le quieras llamar, necesidad, pues eso te empuja, te impulsa a querer desde estar mejor, a querer y poder ayudar al otro, al necesitado, al desfallecido, al que está triste, al que está abatido, al que está, ya sea desesperado o desesperanzado, que son dos cosas totalmente distintas.
Y pues, ¡vaya! No es como que uno siempre esté al cien, ¡no’mbre!, no. También tengo mis bajones bien gachos en la vida y cosas, pero como que ya tienes las armas: sabes flotar, sabes nadar, sabes salir avante de una u otra manera.
Entonces, como sabes de lo que se trata esta cosa, este tránsito llamado vida, pues dices, “bueno, pues creo que no se debe de estar tan mal… sí se puede estar muy mal, pero pues, de una u otra manera he podido salir adelante, ¿por qué no tratar de ayudar al otro, al próximo? Sí, el que esté ahí, cerquita de ti”. Digo, creo que se siente uno mejor si te sientes tú mejor y ayudas al otro de paso. O sea, pues dar un vaso de agua, un aliciente.
La verdad, es que creo que esa es una satisfacción que no lo paga nada y aparte pues, la neta, es que siendo muy honesto, vas dejando amigos, camaradas, compadres, por donde sea, por donde quiera que vas… está chido. Está chido el hecho de que dices “¡Ah¡ Voy a Monterrey, pues ahí están unos amigos”, “voy a CDMX y, pues, también ahí”, “voy a Guadalajara…”, no sé.
"Bueno, pues creo que no se debe de estar tan mal... sí se puede estar muy mal, pero pues, de una u otra manera he podido salir adelante, ¿por qué no tratar de ayudar al otro, al próximo? Sí, el que esté ahí, cerquita de ti". 
Dónde tú te pares puedes mandar un whats, -Oye, voy para allá. – Claro que sí, aquí te espero. Y que te esperen con los brazos abiertos, con el corazón en la mano y con ganas de de ayudarte, apoyarte, de estar contigo y que puedas ser más que una presencia, siempre un signo de ayuda, de respaldo de decir “esta persona está ahí y es chida y siempre está dispuesta a tirar un paro, un favor una ayuda”.
Creo que eso es lo mejor que puedes hacer con tu vida, si no, pues qué estás pintando.
¿Fue con eso en mente que creaste La Minifalda o fue algo más coyuntural y le fuiste dando sentido conforme has ido avanzando?

Creo que La Minifalda ha tomado o va tomando vida conforme a las necesidades que van surgiendo porque de repente me escriben “oye, ¿por qué no hablas de esto?”, “¿Hoy estaría bien que hicieras un tema de esto”, “oye, ¿por qué no tocas este punto que ahorita a mí me está pasando?” Entonces La Minifalda va tomando vida.

Mira, como sociólogo y, pues no sé, como conferencista de repente como que no ves las cosas de manera tan común. Ves, como siempre digo yo, más allá de las apariencias y escuchas más allá de las palabras”. Entonces, ya desde ese punto de vista, como que vas viendo las cosas de manera distinta. Respondes a la naturaleza de ser una persona que observa, de ser una persona que escucha, y el arte de escuchar es un arte perdido con la que últimamente se batalla cada vez más.

Vivimos en una sociedad cada vez más llena de ruido, cada vez más llena de cosas, cada vez más llena de espejismos. Entonces como que, de repente, tomarte el tiempo la molestia de ver más allá de las apariencias y escuchar más allá de las palabras, eso no cualquiera.

Tienes que ser más meticuloso, más desmenuzar las cosas, sus porqués y, si te vas más allá, sus para qué. Ya desde ahí estamos planteando una nueva forma de pensar, de sentir, de analizar, pero sobre todo de ir realizando o realizándote,en este mundo y como persona. Tratar de, como lo dije en un principio, de ser mejor, de estar mejor, así no más.

¿Qué tipo de cambios crees que podríamos ver en nuestra sociedad si recuperaramos esa habilidad perdida de escuchar y ver más allá de lo evidente?

Pues, empezando por el hecho de que una cosa es ser diferentes y otra cosa es ser indiferentes. Sabemos que, si bien es cierto que el teléfono celular sirve para comunicarse, también sirve para incomunicarse, ¿no? Esas ondas de me habla, no le contesto; lo dejó en visto; ahí viene alguien, me hago como que estoy hablando por teléfono, etcétera. ¿Cuál es el punto? Que hoy día la indiferencia es una nueva forma de violencia.

Si bien es cierto que entiendo que, como adultos, juzgamos, condenamos y ordenamos, la verdad somos unos jueces terribles ¿no? O sea, que, órale al patíbulo: “me cayó mal o me cae mal porque me dijo tal persona que era así, así, así”, o sea, no nos tomamos el tiempo de conocer a ese que se ve bien malandro, a ese que se ve bien punk; si es que se ve metalero, si es que se ve cholo, esa que se ve dark. Realmente no nos tomamos el tiempo, la molestia de decir, “no, me quito mi maldito prejuicio y esos lentes prejuiciosos que tengo”.

"Como adultos juzgamos, condenamos y ordenamos. Somos unos jueces terribles ¿no?"

Mejor voy a conocer a esa persona, me voy a tomar la molestia, el tiempo. Sí, me dijeron que es así y asá, pues no me importa, hago el prejuicio de lado, voy y lo conozco. Y nada, que ahí está el amor de mi vida o el gran amigo de mi vida o esa persona que estaba esperando que me diera ese mensaje que yo necesitaba. A veces ahí está, en ese desconocido que después pasa a ser nuestro gran conocido y amigo. Por eso digo yo siempre, en La Minifalda: “Saúl Gil, ‘El Confi’, amigo o amigo por conocer”.

A veces, como te digo, la gente no se toma el tiempo, la molestia de verlo, “voy a mandar un inbox a este mentado Confi o le voy a mandar un whats para platicar”, y es bueno a veces retomar las amistades, realmente darnos cuenta que aquello a lo mejor nada más, fue un malentendido. ¿Estaban muy sucios, no? Los canales de comunicación y como que no llegó muy bien el mensaje, pero tomarse el tiempo.

Entonces si la sociedad se manejara más de esta manera a lo mejor podría ser un poco mejor, podría estar mejor y realmente avanzar, ¿no? En varios aspectos. Sí, quitarnos tantas máscaras también, realmente dejarnos ver tal cual somos. Entiendo los roles sociales, pero también es bueno dejarse ver, dejarse conocer. Es decir, esto soy yo, si no te gusta, pues qué pena,  es todo lo que tengo, entonces la sociedad debe de avanzar más en cuestiones de respeto, de amabilidad, de paciencia, de tolerancia.

Es bien difícil tantas cosas que vemos en los medios de comunicación, en las redes sociales, pero al menos crea tú tu propio juicio con base en cosas que ya experimentaste. Hay que conocer para poder dar o emitir un buen juicio o al menos decir “yo ya estuve ahí, yo sé lo que estoy hablando, nadie me lo platicó”.

Yo creo que empezando por ahí podríamos ser una sociedad más de bienestar, más de entendimiento. Eso nos ayudaría bastante a ir hacia adelante.

Háblanos un poco de la conferencia que darás el 17 y 19 de agosto, ¿qué es lo que tratarás en ella?

El 17 y 19 de agosto a las 20:30 de la noche, vía Google Meet, estaré dando una charla. Y bueno, el tema a tratar lo intitulé ¿Que estás haciendo? Trasciende.

Básicamente el tema es como un cuestionarte “ahorita, ¿qué está siendo de tu vida? ¿Qué es lo que está atravesando tu vida en estos momentos? ¿Estás bien? ¿Quieres estar bien? ¿Estás de qué manera o de qué manera te gustaría estar? Y ya, con base en esto trasciende, o sea, ve más allá de simplemente haber pasado por este mundo.

Es, en sí, cómo piensas dejar huella, cómo te gustaría ser recordado o recordada. Es como decir “no nada más vivas, sino que tu memoria, que tu vida, que tu ser deje algo más que nomás un cuerpo, decir que el legado de esta persona para mí es importante o fue importante por esto”.

Una persona por ahí decía “no te preocupes tanto por lo que tienes que hacer, sino por lo que tienes que ser”. Hay que ser un buen ser humano, ser una buena persona o una persona no tan gacha, no tan mala, que deje huella, pero en el buen sentido, en la memoria, en la sociedad. 

Hay que quitarnos un poquito el egoísmo de no, pues yo con que esté bien yo… no’mbre, pues un poquito, dar un poquito de ti al otro o un mucho, que cada quien esté acorde a su a su humanidad, a su corazón. Trasciende, ve más allá.

Desde tu perspectiva, ¿qué es lo mejor que podemos hacer como personas para mejorar el mundo en que vivimos?

Bueno, antes que nada, muchas gracias por esta entrevista. Realmente creo que he tratado de ser lo más honesto posible en mi respuestas, empezando por ahí y siempre estar brindando lo mejor de mí. 

La verdad va a sonar utópico y parecería como algo muy cliché o muy cursi, pero en realidad, ya desde los sesentas, Los Beatles, o The Beatles, ya lo decían, “all you need is love”. Todo lo que necesitas es amor. Realmente, te lo puedo casi que jurar: es real, el amor transforma, te forma de otra manera.

Una persona vale porque la quieren, un niño vale porque lo quieren, porque se le toma en cuenta, porque se le ama. Si eres un niño amado, vas a ser un niño con un respeto hacia tu persona y hacia las demás personas. Que, aunque no puedas ir por las calles gritándole a todo el mundo “te amo”, al menos en tu medio siempre te vean con una actitud no tan peor, una actitud buena o una actitud con una sonrisa, con un consejo que brindar, o sea, amor. Entonces, creo que eso transforma realmente.

He escuchado de amigos con problemas de drogas de que dejaron las drogas de un día a otro porque alguien los escuchó, los atendió, los amó. Entonces a veces son puros vacíos, es real.

Suena, lo vuelvo a repetir, utópico, cursi y cliché, pero el amor… creo que el que haya familias más unidas por medio del amor realmente transforma. No estoy hablando del amor como una cosa color de rosa, como algo cursi, estoy hablando de que el amor es una fuerza que transforma vidas, así lo veo yo. Para mí eso es el amor a una fuerza que engendra vida, que te hace voltear o revirar hacia lo bueno, hacia lo mejor.

Obviamente vienen muchas cosas, verdad que si la justicia social, que si no se los parámetros que marcan la sociedad de hoy día, pero también la autenticidad, el sentido de la autenticidad, hoy por hoy, creo que de repente está un poquito extraviado, o un mucho.

Las personas en busca de identidad se atoran donde sea y se pierden en la masa para no ser o para ocultarse de lo que en realidad deberían de ser, o sea, del ser auténticos, de tener una convicción hacia algo. Sí. Eso falta, amor a tu persona y por ende, amor al prójimo, ayudarnos a tirar paro, ser gente, sert raza, ser pueblo.

Creo que eso podría transformar nuestra sociedad y pues, obviamente, al mundo, pero pues esto se viene diciendo desde hace mucho y a veces parecería que cada vez estamos más distantes de esa necesidad cada vez más urgente.

 

El Confi, un amigo o amigo por conocer
“El Confi” nos invita a su conferencia online “¿Qué estás haciendo? Trasciende”

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